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    Consideraciones Acerca del Ensayo
Lic. Silvia Torres, Adina Gonzalez Bonorino, Comp 2003
 

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Indice:

 

¿Qué es un ensayo?

El Diccionario de la Real Academia Española define el ensayo como "escrito, generalmente breve, sin el aparato ni la extensión que requiere un tratado completo sobre la misma materia".

El Diccionario Enciclopédico Vox  define al ensayo como: "Género literario en prosa, de carácter didáctico que trata con brevedad de temas filosóficos, artísticos, históricos, etc.".

Por su etimología, la palabra ensayo se refiere al acto de pensar, "exagium".

Como género literario es de aparición reciente, si bien su nombre se remonta a la antigüedad. En La Poética de Aristóteles, los Tratados Morales de Séneca, el Antiguo Testamento, el Eclesiastés, los Diálogos de Platón encontramos sus rasgos característicos de ensayar, probar, examinar (meditaciones).

No es posible ubicar el origen del ensayo sin remitirse a Montaigne. Quien no sólo fue el primero en utilizar la palabra, sino que tuvo conciencia del carácter singular del texto: "Este es el único libro de su clase en el mundo; es de una intención indómita y extravagante. En él no hay nada tan digno de ser notado como su singularidad".

"El ensayo tal como lo concebimos hoy, está en Montaigne acabado en punto de perfección. No crea él ese género, pero lo constituye al fijarle sus condiciones típicas, como la forma más holgada y libre de reglas para la expresión natural del pensamiento y la emoción." Dentro del mismo siglo XVI, en 1597, comienzan a publicarse los primeros ensayos de Francis Bacon. Ambos escritores establecen los pilares del nuevo género.

Arturo Souto opina: "Lo que deslinda el ensayo de otros géneros literarios es un rasgo propio, que consiste precisamente en lo que sugiere la palabra misma: ensayar. Esto es probar, reconocer, examinar. El ensayo expresa: meditaciones propias del ensayista (en ilación congruente y apoyadas con argumentos consistentes) o resultados de una investigación (de campo, documental, histórica, etc.) inferencias de observaciones, de experiencias o entrevistas o una combinación de dos o más de estos tipos".

El ensayo suele caracterizarse por su tono agresivo o polémico, su raíz es la duda, eso explica su aparición generalmente en épocas en las que conviven tendencias opuestas: a fines del siglo XVI, afanes experimentales se enfrentan al principio de autoridad, allí surgen los Essais de Montaigne. Siglo XVIII, vuelve a estar de moda cuando el afán del hombre por analizar y experimentar hace surgir el Liberalismo.

 

Clasificación del ensayo

Es muy difícil clasificar el ensayo, ya que las diferentes disciplinas lo adecuan a sus necesidades, y se valen de artilugios para defender su género.

Ensayo Literario

Son condiciones de este tipo de ensayos la variedad y libertad de temas. Muchas veces se parte de citas, de lecturas y de obras literarias, pero otros temas son motivados por las costumbres, la experiencia vital, la observación, el trato humano, impresiones y reflexiones acerca de la vida. Puede tomar ideas de distintas disciplinas como la moral, la ciencia, la filosofía, la historia y la política. Siempre es personal, subjetivo. Es un producto crítico por excelencia.

Ensayo Científico

El ensayo constituye una frontera entre la ciencia y la literatura. Parte del razonamiento científico y  se combina con la imaginación, por eso se lo denomina género "literario-científico". Tiene en común con la ciencia el explorar más a fondo la realidad, acercándose a la verdad. Toma del arte la belleza expresiva, la intensidad y la originalidad.

 

Características del ensayo científico

  • Temática caracterizada por su variedad y libertad.
  • Establece la posibilidad de duda, actitud no dogmática.
  • No define verdades definitivas.
  • Enfoque novedoso, originalidad.
  • Indefinición de fronteras entre las ciencias.
  • Actitud crítica del autor, tono polémico.
  • Visión particular del ensayista.

 

Actualidad del tema

Es contemporáneo con su tiempo y su ambiente. Pero el concepto de actualidad no sólo se refiere al presente, pues se referirá a novedad, sino que plantea los problemas humanos ante los valores que diferencian cada época de la anterior.

"Si Montaigne cita y reflexiona sobre Séneca o César, no lo hace con el punto de vista del historiador. César sólo interesa al ensayista en lo que tiene de actual y de eterno; el tiempo no existe para él. El ensayista, en su diálogo con el lector o consigo mismo, reflexiona siempre sobre el presente, apoyado en la sólida base del pasado y con el implícito deseo de anticipar el futuro por medio de la comprensión del momento actual".


Exhaustividad del ensayo

Dada la brevedad del ensayo no pretende decir todo sobre un tema, a diferencia de un  tratado o de un manual de referencia. La totalidad del tema no es lo importante. Se intenta únicamente dar un corte en profundidad. El autor no trata de limitarse a un aspecto concreto, el ensayo es el resultado final de sus reflexiones. Según Gómez Martínez "el ensayista considera que su función es sólo la de abrir nuevos caminos".

 

La subjetividad del ensayo

El ensayo es subjetivo, entendiendo subjetividad, no como falta de rigurosidad, sino como una elaboración personal fundamentada en principios científicos.

 

Estructura del ensayo

El ensayo carece de estructura rígida.

Al no poseer una estructura rígida, se establece una distinción entre éste y aquellos escritos con una rigurosa organización, tanto formal como de contenido, como son, el tratado, el discurso, el artículo de revistas especializadas, la monografía.

El ensayo no tiene una organización textual prefijada.

Esta reflexión es fácilmente localizable en Montaigne. También en Plutarco, Séneca y otros autores latinos. Pero pervive en Adorno y otros contemporáneos que desconfiaron de cualquier imposición de una construcción cerrada, que coartase la libertad de pensamiento del ensayista.

El investigador se subordina al método, busca exponer los resultados de su labor. El ensayista, como escritor busca la perfección en la expresión.

 

Composición del ensayo

Como en casi cualquier escrito, el ensayo puede presentar una composición muy elemental de tres partes. No todos los ensayos se construyen con esta lógica, cada texto traza su función teniendo en cuenta el estilo y la libertad expresiva que el autor asume. Mario Sánchez Martínez en su compilación "Lectura y redacción: el ensayo" establece:

Introducción

El punto de partida del ensayo es con frecuencia una constatación. El escritor parece pretender dar cuenta de un suceso o de opinión, de un dato inicial que adquirirá una conformación plena sólo al concluirse el escrito.
La función discursiva de esta parte introductoria del ensayo, es familiarizar al lector con una determinada temática: presentar lo relevante del asunto a tratar, quizá su problemática o sus rasgos enigmáticos o curiosos.
Así la introducción consiste en dar a conocer una perspectiva sobre un tema cualquiera, presentando ciertas posibilidades de tratamiento, ciertos caminos de abordaje.

Desarrollo

Es la argumentación del tema. A medida que el ensayo avanza en su desarrollo, la perspectiva de partida se amplía: el escritor establece determinadas consideraciones generales. El estilo se vuelve explicativo y en ocasiones demostrativo. Propone argumentos, da un conjunto de razonamientos a favor o en contra de una determinada afirmación.
Mediante la argumentación se trata no sólo de exponer una perspectiva determinada, sino, de alguna manera, de probar su legitimidad. El ensayista adopta una posición didáctica, toma al lector de la cotidiana trivialidad y lo conduce hacia una visión si no nueva, renovada.

Conclusión

La conclusión puede considerarse como el resultado o la decisión a la que llega el escritor, después de haber recorrido un camino particular.
Quizás el de las conclusiones sea un apartado que no interesa demasiado al ensayista, pues el ensayo en tanto género tiene la característica importante de mostrar una posición, y aun una pluralidad de perspectivas sin dogmatismos. Su función es abrir horizontes y mostrar una posición posible.
A través de las consideraciones finales, el escritor señala su posición personal la cual puede enfatizar, soslayar o aun ironizar. Estos matices dependerán tanto de las temáticas abordadas como del estilo de cada autor.

Título del ensayo

La relación del título con el resto del ensayo es puramente literaria, no necesariamente hace alusión a su contenido, a diferencia de los tratados, en que el título, cuyo valor es informativo, corresponde exclusivamente al tema desarrollado. Siendo en el ensayo la función del título literaria, puede dar una indicación más o menos exacta del contenido, pero no siempre es así.

 

Extensión del ensayo

Con frecuencia se dice que la extensión del ensayo no puede ir más allá de aquello que pueda  leerse en una sola sentada. Como esto varía de acuerdo al lector, que puede ir de una a cien páginas, la afirmación carece de valor concreto.

En realidad son muy pocos los ensayos que alcanzan una extensión de cien páginas. Pero que el  número de páginas sea más reducido, se debe  al carácter mismo del ensayo, cuyo propósito no es el de proporcionar soluciones a problemas concretos, sino el de sugerirlas; el de reflexionar sobre nuevos posibles ángulos de observar un mismo problema. Esto incita al ensayista a usar con predilección dos recursos estilísticos: brevedad en la exposición y profundidad en el pensamiento.

 

De cualquier tema puede nacer un ensayo

"No hay tema que por insignificante no pueda ser abordado en un ensayo y elevado a una respuesta significativa. La originalidad no está en el tema sino en el tratamiento del mismo,  no hay tema que por vulgar deba desdeñar, ni que por elevado no pueda tocar".

 

Ejemplos de ensayos

Algunas reflexiones previas a su lectura

"El ensayista recuerda con frecuencia al lector su deber de ser un miembro activo en el diálogo que se trata de establecer. Unamuno, muy cercano a la esencia del ensayo, indica: "Examinar digo, y mejor diría dejar que examine el lector, presentándole indicaciones y puntos de vista para que saque de ellos consecuencias, sean las que fueren" (En torno, 51).

Miguel de Montaigne (1533-1592). Nace en Francia. En 1580, en Burdeos,  se realiza la  primera edición de sus Ensayos, obra en dos tomos. Desempeña la Alcaldía de Burdeos, permaneciendo largas temporadas en Montaigne. Entre 1588-1592 prepara una reedición de sus Ensayos con importantes adiciones, la cuarta parte de ellas referentes a su vida, sus hábitos, sus gustos. Muere el 13 de setiembre de 1592. Es sepultado en la iglesia de los Feuillants, en Burdeos.

El Estilo de Miguel de Montaigne. "Sin duda su rasgo sobresaliente es la variedad, o lo que podría llamarse la falta de un estilo. La observación de que el estilo de Montaigne es personalísimo no significa, como en el caso de Gracián o de Barrés, que necesariamente tenga que ser él mismo en cada página hasta el extremo de que la lectura casual de un párrafo nos dé con evidencia inequívoca la certidumbre de que corresponde a determinado autor. En estos casos el autor tiene el estilo de su estilo. Precisamente el estilo de Montaigne es, por decirlo así, el estilo del pensamiento humano en todos los tiempos, latitudes y formas. Si él ha tomado mucho de sus antecesores puede afirmarse que todo el mundo ha tomado de él. Nadie como él se propuso y lo logró, no aburrir a su lector, mantenerlo constantemente interesado y despierto como si tras de cada frase hubiera de empezar realmente algo inesperado y asombroso".

 

"De la ociosidad"

Miguel de Montaigne

Como vemos los terrenos baldíos, si son fecundos y fértiles, tupirse con cien mil clases de hierbas silvestres e inútiles, y que, para hacerlos provechosos es preciso cultivarlos y emplear determinadas semillas para nuestro servicio; y así como vemos las mujeres producen solas montones informes de carne, pero que para engendrar de una manera provechosa y natural es necesario depositar en ellas otra semilla, así acontece con los espíritus. Si no se los ocupa en labor concreta que los refrene y constriña, se lanzan desordenadamente, aquí y allá, en el vago campo de las fantasías.

  • Sicut aquae tremulum labris ubi lumen ahenis
    Sole reperscussum, aut radiantes imagine lunae, 
    Omnia pervolitat late loca; jamque sub auras
    Erigitur, summique ferit loquaeria tecti;
  • Así cuando un vaso de bronce una onda
    agitada refleja la imagen del sol o los
    pálidos rayos de luna, la luz voltea
    incierta, se eleva, desciende y hiere
    el artesonado techo con sus movibles reflejos.
    Virgilio. Eneida. VIII. 22

  • Velut aegri somnia, vanae
    Finguntur species.

    Forjándose quimeras que semejan
    a los ensueños de un enfermo.
    Virgilio. Eneida. VIII. 22

El alma que no tiene un fin establecido se pierde, pues como suele decirse, estar en todas parte es no estar en ninguna.

  • Quisquis ubique habitat,
    Máxime, nusquam habitat

    Máximo es no estar en parte alguna,
    estar en todas.
    Marcial, VII, 73.

A mí, que últimamente me he retirado en mi casa, decidido en cuanto me sea posible a no ocuparme sino de mi reposo, y solo, en lo poco de vida que me reste, me pareció no poder prestar beneficio mayor a mi espíritu que dejarlo en pleno ocio, entreteniéndose consigo mismo y que se contuviera por sí, con lo cual esperaba que pudiese con el tiempo madurar y mejorar. Pero encuentro:

  • Variam semper dant otia mentem,

    El espíritu se extravía en la ociosidad,
    engendrando mil ideas diferentes.
    Lucano, IV, 704.

Que, al revés, como caballo escapado, se da a sí mismo más trabajo que el que se tomó por los demás. Mi espíritu ocioso engendra tantas quimeras y monstruos fantásticos, unos sobre otros, sin orden ni concierto, que para poder contemplar a mi gusto, la ineptitud y singularidad de los mismos, he comenzado a registrarlos por escrito, esperando con el tiempo que se avergüence de sí mismo.

 

"Dificultades económicas africanas"

Guy Hunter, The best of Both Worlds (Los mejor de los dos mundos)

Las debilidades fundamentales de las economías africanas, producto de características históricas y físicas, pueden ser resumidas en una sola frase: el bajo desarrollo de la industria primaria, es decir, de la agricultura (en el sentido amplio de la palabra, incluyendo forestación), de la pesca y de la minería. África no está en posición de vivir de sus habilidades mediante la importación de materias primas, agregándoles valor y re-exportándolas. Por el contrario, la producción primaria es vital. En general, estas condiciones no se presentan de manera tan brutal, pero cuando todo eso se olvida, el peligro de intentar construir un sistema secundario y terciario, elaborado sin una base primaria o sin poder motivador, aparece en forma inmediata.

La baja producción primaria se asocia con el poder adquisitivo bajo y una baja división del trabajo. Consecuentemente, se tiene un mercado pequeño con bajas oportunidades de inversión en la industria secundaria y con un bajo nivel de comercio exterior. Aún en Zambia o en el Congo, donde los recursos mineros primarios han sido altamente desarrollados, el comercio de minerales con Europa y el poder adquisitivo así producido fue en su mayor parte también exportado. Mientras los mineros blancos de Rhodesia del Norte gastaron la mayoría de sus ganancias en la misma Sudáfrica, los congoleses lo hicieron en Europa, aunque en rubros como vacaciones, educación privada para sus hijos y commodities importados del exterior. Las ganancias africanas se aplicaron a una paupérrima economía de subsistencia en distantes áreas rurales; pero se disiparon mayormente en gasto social y muy poco se encaminó hacia un mejoramiento agrícola. Sólo en los lugares donde la agricultura industrial tuvo un desarrollo importante los efectos del poder adquisitivo africano derivaron en un mercado local en crecimiento y en una consiguiente inversión productiva.

Una agricultura de subsistencia de bajo rendimiento -aparte de su efecto en salud y energía- implica una baja división del trabajo en un pequeñísimo mercado aun tratándose de alimentos. Donde cuatro familias de cada cinco se dedican a las tareas agrícolas, el mercado de productos agrícolas fuera de la familia productora es de solamente 0,25%. Solamente crece a 1.5% cuando la proporción de todas las familias en tareas agrícolas cae desde ese 80% a un 40%. Es principalmente esta baja productividad en alimentos lo que marca una comparación con la Europa medieval, donde había alimento escasamente suficiente como para permitir la división del trabajo y el desarrollo de una economía de mercado.

Una agricultura de subsistencia, un declinante índice de mortalidad e insuficientes oportunidades de empleo, fuera del área agrícola, implica un enorme subempleo en áreas rurales superpobladas. Cuando a esta mezcla explosiva se le agrega una ampliación de la educación, el disimulado subempleo se manifiesta como desempleo abierto, debido a que en una sociedad sin jerarquías se crean expectativas, y la diferencia en salarios entre el sector moderno y el tradicional es muy alta. Los jóvenes con formación, en una sociedad móvil, van hacia donde las recompensas son mayores y hacen colas buscando trabajos bien remunerados en el sector urbano.

Un problema adicional se crea con la entrada tardía de África a la ya desarrollada economía mundial, donde la tendencia es a producir substitutos de materias primas tropicales y con una menor elasticidad de la demanda de materias primas en relación a las manufacturas -aunque este último punto necesitaría más argumentos. Esta situación en el mercado exterior al África es aún más seria porque el mercado doméstico dentro de África ha tenido muchas dificultades para desarrollarse.

 

"El crecimiento económico y el campo"

por el alumno Hernán Grau para la materia Argentina Comparada

Trataré acerca de una de las fuentes de crecimiento en relación con la función de producción: la tierra. Para ello me voy a poner en el papel del Secretario de Agricultura que depende del Ministerio de Economía y que debe decidir si establecer retenciones a las exportaciones de granos.

Los granos se cotizan a precio internacional (dólares), y a este precio se venden tanto en el exterior como en el país. Dado que estos precios impactan en la canasta básica de alimentos, el gobierno puso retenciones para frenar la estampida de los precios internos. Posteriormente, al conocerse el informe de la Secretaría de Agricultura de los Estados Unidos de América sobre los problemas de sequías que acechan las plantaciones de ese país, los precios internacionales se dispararon, con lo cual se neutralizó el efecto de contener los precios internos.

Dado que los agricultores están acostumbrados a percibir ingresos en dólares, y como los precios aumentaron, éstos han recibido en los últimos meses ganancias extraordinarias. Si las consideramos en pesos, podríamos decir que casi han cuadriplicado su poder de compra en el país, y si las pensamos en dólares, tienen el mismo poder de compra que el año pasado. En el actual contexto del país, es algo muy importante.

Creo que se deben aplicar nuevas retenciones, las que deben ser más altas. Las mismas, tienen que estar en función a las fluctuaciones de los precios internacionales, dado que de esta forma, a mi juzgar, no se frenaría el ritmo de exportaciones, el que beneficia al país por ingreso de divisas.

Esta medida debe ser consensuada con los diferentes organismos agrarios, con el fin de no castigar a los productores, y a su vez, que se produzcan dos fenómenos: a) que con los ingresos por retenciones se brinde ayuda social a los sectores más pobres, como una forma de pasar la crisis, y b) intentar volver a frenar los precios internos de los granos.

Sin más, y por todo lo expresado anteriormente, recomiendo un incremento de las retenciones a la exportaciones de granos.

 

"Los bancos y el desempleo"

por el alumno Hernán Grau para la materia Argentina Comparada

La reestructuración de la banca en nuestro país es un tema que puede acarrearnos serios problemas sin que a la fecha se pueda saber cuáles pueden ser las consecuencias.

Si nos abocamos a cuáles pueden ser las consecuencias que pueden influir en el desempleo, vemos que existe una gran diferencia entre las medidas tomadas y a tomar en el futuro entre la banca de origen privado y la banca de origen público.

Si bien ambos sectores coinciden en que la actual estructura de los bancos debe sufrir serias modificaciones a lo que ocurría anteriormente a la debacle económico-financiera (la aparición del corralito financiero, la posterior devaluación y pesificación, siendo por último la entrada en default con los organismos de crédito internacional), poseen criterios muy disímiles en cuanto a cómo afrontar estos cambios.

La banca privada viene tomando medidas de índole regresiva, dado que después a los cambios acaecidos, prefiere invertir sus capitales en países o regiones con una mayor seguridad económica y con poco efecto contagio (el cual se dio en Uruguay, Paraguay, y en menor medida en Chile. Brasil si bien sufrió algo de contagio, posee cuestiones políticas que lo hacen fluctuar).

A su vez, particularmente en nuestro país, los bancos privados no quieren hacerse cargo de los pasivos generados por la devaluación y pesificación, siendo así que sus sedes centrales no quieren recapitalizar a sus sucursales para continuar con sus negocios aquí. De esta forma están evaluando una serie de medidas (algunas de ellas ya tomadas por alguna de estas entidades) para minimizar sus pérdidas, y sortear la situación acuciante lo mejor posible.

Algunos bancos han decidido irse del país, con lo cual produjeron una gran cantidad de despidos. Al ser adquiridas las entidades cerradas, las nuevas entidades no han absorbido en su totalidad a la masa de empleados desafectados.

Otra de las medidas tomadas consistió en despedir empleados y cerrar sucursales, con el fin de reducir costos fijos. La mayoría de éstos se produjeron en Capital Federal y GBA, que es la región del país donde se concentra la mayor parte de la población y donde en proporción se encuentra concentrada la mayor parte del poder económico del país (según INDEC).

Por último, casi todos los bancos privados han ofrecido planes de retiro voluntario, con el fin de lograr, a mi juicio, dos cosas: reducir el plantel de empleados y lograr reducir el monto total de salarios, debido a que la mayoría de empleados tenían mucha antigüedad, por lo que en líneas generales cobran altos sueldos en función al cargo que desempeñaban.

En una posición bastante contraria, la banca pública ha realizado acciones tendientes a aumentar sus sucursales y a no despedir empleados de su staff, e incluso en algunos casos a aumentar. El motivo que la incentiva a realizar esto, se basa a mi juicio, en el hecho que tarde o temprano, la actividad económica mejorará y será necesario el crédito, que la banca privada se niega a otorgar. La banca pública, por el contrario, está dispuesta a reestructurar sus negocios con el fin de poder brindar este fundamental servicio. Para llevar a cabo esto, deberá soportar las fuertes presiones que provienen del FMI, el cual quiere lograr la privatización parcial o total de la banca pública.

En definitiva, las acciones de la banca privada tienden a incrementar la tasa de desempleo e incluso, aumentar la tasa de pobreza y la tasa de indigencia, debido a que los empleados despedidos de este sector tendrán muy pocas posibilidades de reinsertarse en el mercado laboral, el que ya se encuentra en una situación muy grave, con lo que se puede generar que estos empleados empiecen a descender en el nivel socioeconómico en forma rápida.

Por todo esto, insto a la banca privada a reflexionar sobre las medidas a tomar, en función a cómo quedará su imagen (ya deteriorada) inculcada en la sociedad argentina.

 

Bibliografía

Bioy Casares, Adolfo. Estudio Preliminar. En: Ensayistas Ingleses. Buenos Aires: Jackson, 1950. Clásicos Jackson V. XV

Casas, Arturo. Breve Propedéutica para el Análisis del Ensayo [en línea] [Consulta: 27 noviembre 2002]

Gómez de Baquero, Eduardo. El Renacimiento de la Novela Española en el Siglo XIX. Madrid: Mundo Latino, 1924.

Gómez-Martínez, José Luis. Teoría del Ensayo. 2ª ed. México: UNAM, 1992. Montaigne, Michel. Oeuvres compl.etes. Bruges: Pléiade, 1967.

Martínez Estrada, Ezequiel. Estudio Preliminar. En: Montaigne, Michel. Ensayos. Buenos Aires: Jackson, 1950. Clásicos Jackson V. XIII.

Montaigne Ensayos. V. XIII. Clásicos Jackson. Buenos Aires, 1950

Sánchez Martínez, M., comp.. El Ensayo. [en línea] [Consulta: 7 febrero 2003] Martínez Estrada.

 

 
 
 
 
 
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